En cuanto el frío comenzó
en vez de encender una lumbre
meterse en cama prefirió
por la fuerza de la costumbre.
-Así no se puede vivir,
pronto estaremos bajo cero,
-dijo el lirón-, hala, a dormir,
a roncar el invierno entero.
Y como un leño
se entregó al sueño,
dispuesto a pasar a través
de dos meses o tres,
que no es muy largo
como letargo.
Mas si ese invierno es de interés
entonces sí lo es.
Abría un ojo cada vez
que en su barriga había un hueco,
lo tapaba con una nuez
o cualquier otro fruto seco.
Pues si lo bueno del sopor
es que en su estado no se piensa,
se practica mucho mejor
si está provista la despensa.
¡Qué vida ésta de la floresta!
Mira por dónde al animal
dormir le fue fatal.
Viniendo a mano para un pantano
sufrió aquel bosque una brutal
reforma forestal.
Llegó un buldózer o un tractor;
dio tal meneo al domicilio
del dormilón que, en su estupor,
no pudo ni pedir auxilio.
No pudo ni siquiera ver
la ruina de su madriguera.
Sólo exclamó:``¡Hay que joder-
se, ya está aquí la primavera!''
Cayó la rama, cayó la cama,
cayó el somier, cayó el colchón
aplastando al lirón.
Y digo yo que quedarse roque
durante toda una estación
aunque haga frío es una exageración.