
Este gilipollas:
Black Adder
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No te equivoques. Yo por respetar, respeto incluso a los que se ponen grapas en las cejas. Allá cada cual con su consciencia y su tasa particular de beneficios y riesgos, la diferencia es que en el ejército eso lo calcula otra gente por ti. Gente que, dicho sea de paso, a menudo no sabe hacer la O con un canuto en las menores instancias y que no entiende una puta mierda de lo que más te conviene en las mayores.
Sin acritud, no te conozco ni nada, pero esta frase que dices, si no la he oído 500 veces, no la he oído ninguna. Hay alpinistas que disfrutan coronando picos e incluso los hay que disfrutan tanto que no dudarían en seguir haciéndolo aún sabiendo que terminarían por ahí congelados o despeñados por un barranco. No sé si es inconsciente o no, pero es su pasión y no atienden a razones. Lo comprendo muy bien. Lo que ocurre es que lejos de esa imagen romántica idealizada que muestras del alpinismo, en el ejército tienes a un puto imbécil que casualmente es tu inmediato superior entestándose a arriesgar la vida (la suya y, por consiguiente, la tuya) por cualquier machada.
Ayer fui a comer con un colega de los que todavía está dentro, uno de esos que curro diría que son como hermanos, de los que no dudarías en ir a ayudarlo en cualquier gilipollez en la que estuviera metido, con el que has comido y compartido el barreño de espaguetis precocinados y unido los ponchos y hecho guardia y todo ese puto blao. Ese tipo me dijo que en la compañía vecina hubo recientemente 38 bajas por necrosis e hipotermia porque el subnormal del teniente que la mandaba, ante la orden del teniente coronel de bajar de hacer la cabra por el monte ante la ventisca más fuerte en la zona desde que Cristo hizo la mili con lanza, prefirió quedarse acampado por ahí arriba bajo el pretexto de que conocía un camino supersecreto superoperativo por el que llegar a la base en menos de una hora. Lógicamente cuando llegó la ventisca de madrugada les jodió todo el invento y lógicamente tal camino no existía, lógicamente la bajada era de 5 horas, como ha sido siempre (a veces a los militares les cuesta un poco entender que las sendas de la montaña no entienden de galones). Lógicamente lo que hubiera hecho cualquier alpinista de esos tuyos, de los que pagan por esto, de los que tienen algo más que una alcachofa dentro del tiesto y no tienen el deber de acatar órdenes estúpidas y contrarias al más elemental sentido común, es refugiarse dentro de los iglús a capear el temporal como fuera y esperar a bajar cuando escampara un poco. La decisión meditada que tomó el teniente, ese tipo listo que estudió en Zaragoza, fue la de desmantelar todo el asunto en un cuarto de hora con el lógico resultado de perder más de la mitad del equipo en el proceso, hubo gente que tuvo que bajar sin botas porque se congelaron en menos de un minuto, otros estaban tan hasta la polla que lógicamente tiraron sus mochilas en un desesperado intento para llegar abajo, en desbandada, antes de perder un par de dedos por la inconsciencia de esa gentuza. Lógicamente inmediatamente se armó revuelo y como en el conducto reglamentario la mierda siempre rueda hacia abajo el teniente se sacudió un poco los hombros y les cayó todo el marrón encima a los soldados, esa gente que disfrutan tanto de esas pequeñas cosillas y las viven tanto, mucho más que siendo oficiales, a esos tíos se les sancionó por abandono del material y a los que se les congelaron los pies por retrasar la marcha de sus compañeros. Están arrestados y van a formar con los muñones envueltos en tiza, a los que todavía están medio muertos les dejaron el parte en la mesilla de noche del hospital.
Es la lógica del ejército. No han cambiado en 50 años, menos van a cambiar en 8 meses desde que me fui.