Maestro Filomino, ya había perdido la esperanza de poder saludarle y leerle de nuevo. En los ultimos tributos me encontraba yo desterrado del mundo internetero por mor de unas tarifas abusivas en el puto hotel en el que mi empresa me alojó durante tres semanas. Mucho cuatro estrellas, mucho minibar y mucho hall de lujo, pero una hora de internet: 10 leuros. Y tarifa plana todo el día, 18. Así que estaba yo rabiando por volver a mi hogar y ponerme al día, cosa que hice con gran Lol, disfrutando con los niveles que llegó usted a alcanzar en aquellos últimos tributos. Pero claro, este hilo había quedado atrás, y con gran tristeza, llegué a la conclusión de que usted se había ido de vacaciones, o aún peor, había quedado con alguna gamberrilla, que a cambio de sesiones de sexo duro, sucio y marginal en las que usted la sometía a todo tipo de depravaciones, conseguía que usted dejara de tributar en la internec. Veo con gran alegría y regocijo loleante que estaba equivocado, que usted sigue en la brecha y que sigue siendo ejemplo para todos aquellos jóvenes que hoy día se inician en el difícil mundo del gamberrismo juvenil (y no tan juvenil) femenino. ¡Lol sea loado de nuevo, pues nuestro Filomino ha vuelto!
Este último tributo, con las dos gamberras en biquini, en poses sugerentes, la verdad es que da para paja.
En cuanto a la enfermita, pues, qué le voy a decir, si es verdad, pues déjela usted. Hay miles de gamberrillas sanas a las que tributar. Y si es mentira, ¿qué mayor desprecio se le puede hacer que dejarla sin tributo?
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De toda la basura hedionda que se arrastra por la faz de la tierra, la peor de todas, peor que el político, peor que el terrorista, peor incluso, que el nacionalista, es sin lugar a dudas, el sindicalista. Igor Brudensky, "Conversaciones con mi Portera", 1982.
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