Los robots sintientes pertenecen a los sueños del S. XX, así como los coches voladores o un apocalipsis atómico. No son ideas prácticas, mi buen señor. La mano humana en según qué países es infinitamente más barata que los gastos de mantenimiento de una criatura de metal. Su cronología es por ello errada desde el principio. La superpoblación tampoco debería preocuparnos gracias al Occidente de la parejita o del mimado niño único, aunque admito que esto podría sugerir que tengo cierta fe en una suerte de lasseiz-faire aplicado al campo de la demografía.
Más que soñar sobre el poshumanismo, hágalo sobre el transhumanismo hacia el que irremediablemente somos dirigidos.
__________________
|