A veces los clásicos no fallan:
- los relatos de Chejov (porque nos muestra que las tragedias más grandes pueden producirse por los hechos más pequeños; porque era un genio, simplemente);
- las odas de Horacio (porque en ellas se encuentra la primera formulación de muchos de los temas que aún hoy nos interesan: el "aprovecha el día" sin fiar nada al mañana, por ejemplo),
- casi cualquier obra de Guillermo Shakespeare (porque sus obras de teatro y sus sonetos aún hoy no han sido, que yo sepa, superados; porque hay más pasión y traición y obcecación en su Otelo que en el conjunto de la mayoría de las obras de la mayoría de los autores que han sido o serán),
- La ciudad y los perros, de Vargas Llosa (porque es triste, está bien escrita, y la podemos leer en el idioma original),
- cualquier obra de Lucía Echeverría, o como se escriba (porque así, por contraste, nos daremos cuenta de lo buenas que pueden llegar a ser las obras literarias de verdad).
Los libros de los cuatro primeros autores se pueden encontrar en buenas traducciones y a precios más que razonables en cualquier editorial de bolsillo de las que todos conocemos (recuerdo, entre las más baratas, las ediciones de Chejov en Alianza, de Horacio en Cátedra y Alianza, de Shakespeare en Austral, de Vargas Llosa en Punto de lectura). Los de la Echeverría, sinceramente, lo desconozco, pero seguramente son más caros que los anteriores. Allá cada cual.